Clara..., no me lo podía creer, hace apenas una semana la tenía en mi cama y ahora, era una oposición para cumplir ese sueño de David, no sabía que hacer, supongo que no cambiar el plan era lo mejor y mantener nuestra relación aparte, ninguno saldría beneficiado eso estaba claro, pero...¿Debería contárselo a Mavi? No había nada claro en mi cabeza. Continué pensando en eso hasta que llegué a la sede del Partido Comunista, el edficio era muy simple, lo único que lo diferenciaba de los demás era un cartel en lo alto de de la puerta con el martillo y la hoz, estaba muy gastado y se podía observar como el óxido se estaba adueñando de la pintura roja. Timbré, durante un buen rato, finalmente abrieron, subí por las escaleras, todo era muy oscuro, sabía que estaban cerca de cambiarse de dirección, menos mal. Arriba me esperaba un hombre de unos cincuenta años, barba y gafas cuadradas, me miró por encima de ellas, desde la cabeza hasta los pies, fué un silencio extraño que afortunadamente rápido lo rompió el hombre que me abrió la puerta.
+ ¿Quería algo?
- Emm, sí, era un buen amigo de David, venía a presentarle unas cuantas ideas.
+ Ah, sí, pase pase, no estoy acostumbrado a que gente desconocida visite la sede.
Entré, y él me acompañó hasta un salón al fondo del local, el hombre se llamaba Carlos, y parecía muy interesado en mis propuestas, decía que no eran buenos tiempos para el partido y que estaría dispuesto a depositar su confianza en mí. No le comenté nada de mi relación con Clara pero si le hablé de ella como candidata, intentaba disimularlo, pero estaba asustado no sabía que podría hacer en contra mía, me podía arruinar mi carrera política si sacaba mis trapos sucios, creo que debería confiar en que jugaría limpio, pero después de mi experiencia con las mujeres, no sabía si estaba haciendo lo correcto.
De vuelta a casa y tras una exitosa conversación en la que había conseguido la confianza del partido y que pronto se haría oficial que yo sería el hombre que lo lideraría, me encontré con Zeltia, una buena amiga mía, era una mujer morena, bajita y con unas bonitas piernas, siempre la había deseado pero nunca había tenido la ocasión de follármela pese a que siempre había un pequeño coqueteo entre nosotros, pero nunca llegaba a nada más, una pena la verdad, la quise invitar a mi casa pero me rechazó, alegando que tenía mucho trabajo esa tarde y que le sería imposible, pero que otro día si vendría a mi casa, me dijo que la llamara, pero no me dio su número.
Llegué a mi casa y lo primero que hice fue avisar a Mavi sobre las buenas noticias, ella no se le veía muy alegre, pero siempre había sido de un carácter bastante agrio, colgué el teléfono y seguidamente comenzó a sonar de nuevo, pensé que sería Mavi, pero al descolgar mi viejo teléfono se me vino el mundo encima, y no sabía si colgar o balbucear unas falsas palabras.
+ ¡Nigel! Hola, soy Clara ¿Qué tal?
- Bien, ocupado.
+ ¿Molesto? Lo siento, llamaré en otro momento.
- Mejor no lo hagas, ya sabrás por qué.
Colgué el teléfono, me serví un whisky, me lo bebí de un trago y me serví otro, no había otra solución que el alcohol, mi tranquila vida se había vuelto en un auténtico calvario en las dos últimas semanas, Clara, David, Mavi, la política, todo estaba en mi cabeza, y no sabía como solucionarlo, me iba volver loco. Esa noche bebí hasta vomitar en mi habitación, me desperté por la mañana muy mareado, fui caminando hacia el baño, me miré al espejo y vi a un hombre viejo, hecho polvo y sin ninguna esperanza, empezaba a estar "fofón" y aquello que durante años no me había faltado, empezaba a escasear, las mujeres, quizás era hora de sacar un nuevo libro, o de dar un paso al lado y morirme en el sofá de mi casa viendo tele-basura, comiendo comida basura, cotilleando con las vecinas, viendo los trenes pasar en la estación sin subirme a ninguno, pero era hora de hacer caso a mi compañero Ernesto y no se podía vivir de rodillas, había vivir de pie.