jueves, 29 de septiembre de 2011

Una visita con efectos secundarios.

+ ¿Yo otra vez? ¿No te agrada mi llamada?

- Me agrada, pero... ¿Por qué? ¿Por qué vuelves una y otra vez?

+ No sé, dicen que entre los amantes siempre queda algo, y tú fuiste algo más que eso.

- Carmén, creo que ha sido suficiente.

Colgué el teléfono y me quedé tumbado en la cama mientras pensaba en Carmen, era una mujer delgada, de mediana estatura, ojos azules y una actitud no muy agradable, ella había hechado la vida por la borda cuando tenía dieciséis años, yo había salido un tiempo con ella, pero como era habitual me cansé, cada cierto tiempo me llamaba y quedabamos, no era mutuo el interés, pero siempre acababamos en la cama, así durante años, hasta que hace un par de primaveras dejó de llamarme, no volví a pensar en ella, creí que lo mejor era olvidarlo, probablemente ella también lo haría.

Cogí el periodíco, era del día anterior, pero no importaba, no lo había leído así que me podría entretener un rato, me gustaba leer cosas sobre música, algunos sucesos, y los deportes, lo demás me parecía inservible. Lo abrí por la parte de la música y una foto me llamó mucho la atención, me sonaba la cara de el chico que aparecía al lado del presidente de la Junta de Galicia, leí el pie de página, era simple curiosidad lo que sentía, pero pasó a ser una sorpresa, le conocía era un chico con el que había compartido algunas noches cuando era joven, ahora cantaba para el Bloque Nacionalista Gallego, actuaba con el sobrenombre de Knight, y si mal no recordaba su nombre era Brais, pero no estaba seguro, habían pasado años desde la última vez que lo viera, triunfó y me alegro de ello, no era mal chico.

Daban las dos de la madrugada, cuando sonó el timbre de mi casa, me preocupé ¿Quién sería? A esas horas pocas veces me habían visitado, que yo recuerde, solo las dos veces que me detuvieron y cuando me anunciaron la muerte de mi madre, era un mal augurio, me puse mis zapatillas y me dirigía la puerta, abrí, y el mundo se me vino encima, había ocurrido, lo había conseguido, desearía que nunca hubiera oído el sonido chirriante de mi timbre....

+ ¿Tú? ¿Carmen? Aún te acuerdas de mi dirección

- ¡Pues claro! ¡Ven a mis brazos grandullón!

Saltó sobre mí y me besó como si fuera la última cosa que haría en su vida, como si estuviera enamorada de mí, tiraba de mi pelo como si me deseara, era extraño, no sabía como reaccionar, pero ya no podía parar, andamos hasta mi habitación y allí me tiró contra la cama, rompío la camisa que llevaba y se quitó el sujetador, aún mantenía esos pecho tan perfectos, pezón rosado y duro, con ese tipo de detalles podía denotar que ella estaba excitada. Se bajó los pantalones mientras yo me quitaba la camiseta, tenía prisa por hacerlo, se bajó las bragas y ese coño rasurado salió a la luz, me ponía mucho por alguna razón, pero todo ese fervor se acababa cuando habría la boca, era inculta y solo sabía hablar de marujeos, prefería mantener la distancia con élla. Nos giramos, prefería llevar la iniciativa en ese momento y comencé con duras embestidas, ella gemía, así durante minutos, me gustaba morderle los pezones, me gustaba la cara que ponía cuando lo hacía, eso me incitaba a acelerar el ritmo, ella estaba a punto de llegar al orgasmo cuando me corrí, derramé todo en sus pechos, aún mantenía mis reflejos para evitar embarazos. El resto fue todo muy frío y rápido, ella se fue sin apenas mediar palabra, eso incluso me dolió, parecía increíble, ella no me importaba ¿Por que me jodía que se fuera sin decir nada? Estaba cansado me dormí rápido, gracias a Dios, cuando me ocurría algo no podía parar de pensar en ello y como consecuencia apenas dormía, esta vez lo conseguí.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Una día más.

Allí estaba yo, una noche más, sentado en mi cama mientras miraba el vaso de whisky con los hielos casi derretidos mientras pensaba en lo que había ocurrido durante el día, a decir verdad no era una persona muy interesante, apenas salía de casa y no me gustaba la gente. Había una razón básica por la que no me sentía atraído por todas esas personas que recorrían las calles día a día, y era que a ellos no les gustaba mi aspecto. No me gustaba cuidarme, me parecía algo inútil, afeitarse, cortarse el pelo a menudo, usar desodorante y caminar como si ganara el suficiente dinero como para comprarme un ordenador nuevo. Decidí intentar dormir, quería levantarme temprano al día siguiente, tenía un encuentro con un viejo amigo y no quería fallarle.

Me levanté a las diez, me puse la ropa del día anterior, saqué una cerveza de la nevera, la bebí con rapidez y la dejé sobre la mesa, allí se acumulaban las latas durante días, hasta que una mujer me visitaba, intentaba dar la imagen de un hombre que se preocupaba por algo, aunque no fuera así. Otro tema eran las mujeres, yo era el anti-cristo del hombre perfecto, pero aún asi podía notar como había algo que le gustaba a las mujeres de mi, no sé si era que me había hecho conocido en la ciudad tras un par de libros o simplemente la forma con la que mantenía relaciones sexuales.

De camino al banco de la amargura, así es como le llamabamos yo y mi viejo amigo David a un banco donde solíamos dormir, fumar y beber cuando eramos jovenes, vi a lo lejos la figura de mi compañero, con el puño en alto, saludo que se había mantenido durante mucho tiempo, a medida que me acercaba se podía divisar esa barriga cervezera, esa barba de meses y la brillante cabeza de David, hacía mucho que no nos veíamos, ambos sonreíamos al destino, que nos juntó de nuevo.

+ ¡Camarada! -gritó él con fuerza y decisión- Cuanto me alegro de verte de nuevo...

- Yo también compañero ¿Qué tal te va? ¿Sigues en esa mierda?

+ ¿La política? Parece que nunca cambias y yo tampoco, pues sí, ahí sigo, me presentaré a las elecciones el año que viene, pero tengo miedo.

- ¿Miedo? ¿A que?

+ A que se sepa todo, no está bien visto que sea un mujeriego y un alcoholico, esos perros andan detrás de mi historial.

- Bueno, ya me contarás, entremos en este bar, sirven buena cerveza, te vendrá bien.

Entramos en ese viejo bar, la misma gente de siempre estaba allí, el camarero me sirvió una cerveza y a él le pregunto que tomaría, optó por la ginebra, siempre le había gustado, yo no era un gran fan. Conversamos durante horas, si no tuviera un reloj en frente mía, no me habría dado cuenta que querían cerrar, no quería hacerle el feo, por lo que nos marchamos, le invité a mi casa, pero se negó, dijo que prefería dormir en su cama, estaba bastante ocupado esa semana. Yo me fuí a la mía, me serví un whisky y me senté en el sofa a pensar. No pasaron ni diez minutos y sonó el telefono, pensé que sería David pero no, me había equivocado.

+ ¿Dígame?

- ¡Nigel! ¿Cómo estás?

+ ¿Quién eres?

- ¿No sabes quien soy? ¿No te acuerdas de mí?

+ Para nada, esta voz no se me hace conocida.

- Soy Carmen, ¿Como no me recuerdas?

+ ¿Carmen? Otra vez tu...