jueves, 22 de septiembre de 2011

Una día más.

Allí estaba yo, una noche más, sentado en mi cama mientras miraba el vaso de whisky con los hielos casi derretidos mientras pensaba en lo que había ocurrido durante el día, a decir verdad no era una persona muy interesante, apenas salía de casa y no me gustaba la gente. Había una razón básica por la que no me sentía atraído por todas esas personas que recorrían las calles día a día, y era que a ellos no les gustaba mi aspecto. No me gustaba cuidarme, me parecía algo inútil, afeitarse, cortarse el pelo a menudo, usar desodorante y caminar como si ganara el suficiente dinero como para comprarme un ordenador nuevo. Decidí intentar dormir, quería levantarme temprano al día siguiente, tenía un encuentro con un viejo amigo y no quería fallarle.

Me levanté a las diez, me puse la ropa del día anterior, saqué una cerveza de la nevera, la bebí con rapidez y la dejé sobre la mesa, allí se acumulaban las latas durante días, hasta que una mujer me visitaba, intentaba dar la imagen de un hombre que se preocupaba por algo, aunque no fuera así. Otro tema eran las mujeres, yo era el anti-cristo del hombre perfecto, pero aún asi podía notar como había algo que le gustaba a las mujeres de mi, no sé si era que me había hecho conocido en la ciudad tras un par de libros o simplemente la forma con la que mantenía relaciones sexuales.

De camino al banco de la amargura, así es como le llamabamos yo y mi viejo amigo David a un banco donde solíamos dormir, fumar y beber cuando eramos jovenes, vi a lo lejos la figura de mi compañero, con el puño en alto, saludo que se había mantenido durante mucho tiempo, a medida que me acercaba se podía divisar esa barriga cervezera, esa barba de meses y la brillante cabeza de David, hacía mucho que no nos veíamos, ambos sonreíamos al destino, que nos juntó de nuevo.

+ ¡Camarada! -gritó él con fuerza y decisión- Cuanto me alegro de verte de nuevo...

- Yo también compañero ¿Qué tal te va? ¿Sigues en esa mierda?

+ ¿La política? Parece que nunca cambias y yo tampoco, pues sí, ahí sigo, me presentaré a las elecciones el año que viene, pero tengo miedo.

- ¿Miedo? ¿A que?

+ A que se sepa todo, no está bien visto que sea un mujeriego y un alcoholico, esos perros andan detrás de mi historial.

- Bueno, ya me contarás, entremos en este bar, sirven buena cerveza, te vendrá bien.

Entramos en ese viejo bar, la misma gente de siempre estaba allí, el camarero me sirvió una cerveza y a él le pregunto que tomaría, optó por la ginebra, siempre le había gustado, yo no era un gran fan. Conversamos durante horas, si no tuviera un reloj en frente mía, no me habría dado cuenta que querían cerrar, no quería hacerle el feo, por lo que nos marchamos, le invité a mi casa, pero se negó, dijo que prefería dormir en su cama, estaba bastante ocupado esa semana. Yo me fuí a la mía, me serví un whisky y me senté en el sofa a pensar. No pasaron ni diez minutos y sonó el telefono, pensé que sería David pero no, me había equivocado.

+ ¿Dígame?

- ¡Nigel! ¿Cómo estás?

+ ¿Quién eres?

- ¿No sabes quien soy? ¿No te acuerdas de mí?

+ Para nada, esta voz no se me hace conocida.

- Soy Carmen, ¿Como no me recuerdas?

+ ¿Carmen? Otra vez tu...

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