Otra vez el sol aparecía por el horizonte y de nuevo me lo perdía, hacía años que no me levantaba para ver la puesta de sol, lo había intentado un par de veces pero nunca lo conseguí, eran cosas que echaba de menos, me preguntaba si las madres seguían llevando a sus niños al colegio. Aquella mañana transcurrió como cualquier mañana de mi vida pero con una excepción, la llamada de Carmén, esa mujer dichosa, esa melena encandilante, de nuevo en mi cabeza, hablamos durante unos diez minutos, me decía que se quería mudar conmigo, que solo serían un par de semanas, yo reía, la última mujer que vivió conmigo murió y la anterior es alcoholica, si realmente se quería mudar, significaba que era valiente y le gustaba el deporte de riesgo. Le dije que la invitaría a una cerveza en mi casa, sabía que era un error, pero un par de cosas que me había dicho, ablandaron mi corazón.
A eso de las ocho llegó ella, llevaba puestos esos leggins que me gustaban cuando ella era joven, le estilizaban las piernas y le marcaba el culo, por detrás se me hacía irresistible, una camiseta blanca de hombre, parecía que se acordaba como me gustaba que se vistiera, la verdad es que era una tecnica que funcionaba muy bien, abrí una par de cervezas le ofrecí una y la otra me la quedé yo, nos sentamos en el sofa y hablamos sobre los problemas que ella tenía, que no eran pocos, empezando por que la habían echado de casa sus padres, pasaban las horas y yo cada vez estaba más borracho, apenas hablaba, aparte de el alcohol también en parte porque me gustaba escuchar a las mujeres.
+ ¿Nos vamos a la cama?
- Estás muy borracho, me gustas.
+ Estoy cansado, no soy bueno tonteando.
Nos metimos en cama, yo estaba muy borracho, me dormí en apenas segundos, podía notar como ella buscaba algo más que dormir, pero las cervezas habían hecho estragos en mí, esa noche no podía ser. Me desperté en medio de la noche, moví un brazo para asegurarme de que Carmen estaba bien y ella se despertó, se giró y me dio un beso, por alguna razón inexplicable aquello me excitó, me acerqué a ella, la besé en el cuello y la monté, estaba cansado pero había cosas para las que se podía hacer un esfuerzo, no fueron más de quince minutos, pero los disfruté al máximo, me recosté en la cama, estaba empapado, esa zorra era como cuando la conocí, siempre había sido la mujer que más me había hecho sudar en la cama.
La luz ya se coloba entre las cortinas de mi habitación, eso me mantuvo medio despierto por unos minutos, hasta que decidí mirar la hora, eran solamente las nueve y media de la mañana, me desperté un poco más y me di cuenta que Carmen se había ido, una nota reposaba sobre mi escritorio, era raro, me presentía que algo malo ocurría, me levanté apresurado de la cama y corrí hacia el escritorio y recogí el trozo de papel, comencé a leer:
"Nigel, no sabía que fueras tan inocente, como cuando eras joven, volviste a caer, no me preguntes por el dinero de tu mesilla, me lo habré gastado ya, el alcohol te traiciona y tu le sigues siendo fiel, como nunca lo fuiste conmigo, tu me traicionaste amorosamente y yo te traiciono ahora amistosamente, me acuerdo cuando follando me solías llamar zorra, sabías que era astuta, pero ahora esa astucia juega en tu contra, lo siento, aunque no lo creas me duele, sé que económicamente no eres lo que fuiste, por eso ya nadie te quiere"
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